domingo, 27 de noviembre de 2011

El Baile


llevas algo escrito en la frente
la mirada perdida

Son 
los tesoros que permanecen
los años que no perdonan ni siquiera
al mas bello lugar de la memoria
El último en entrar cerró la puerta
y ahora, que ya estamos todos
suena la música 
aparecen las nubes
Son
las ventanas al miedo
nos dejan solos en el centro
de la habitación donde vimos morir
por primera vez a alguien

poco más de un rato de baile
circula la sangre en el despertar

martes, 22 de noviembre de 2011

Salgo a pescar



Salgo a pescar, con una ilusión
de niño
Salgo a pescar y tras un rato
 no sé donde estoy
¿Escribiendo poemas desde un avión de Aerolíneas Americanas?
Puede ser, pero parece difícil de creer
A veces todo es tan difícil de creer

¿Quién cree a los locos?

Yo tengo un amigo que está loco,
que construyó una casa en el paraíso y trasladó sus cosas
por una temporada
Fue tan feliz que luego ya nunca quiso volver de allí

Si, él mismo hizo la promesa y obtuvo su recompensa
Ahora baila por las noches en un parque que hay cerca de aquí
a veces solo, a veces con ella

Estoy pescando, me digo
Hace un día estupendo, me digo

Resulta todo tan triste cuando
por ejemplo
me explica cuanto calor pasaba en aquel establo
Allá por las praderas más verdes
las vacas fueron mis amigas por un tiempo
y ahora las odio, las mataría por placer
El pasatiempo de matar vacas, una muerte
lenta y dolorosa
Se acabó
el soñar junto a ellas
bajo las estrellas de ese cielo
de Ohio, en los Estados Unidos de América

Hoy no he pescado nada, aún
pero el sol calienta y aún me queda cerveza y también
Algo en que pensar y quizás, quien sabe si al final de todo esto
Piquen







miércoles, 16 de noviembre de 2011

Dos Orillas Subterráneas


Un momento en el sonido
Duelen las manos, es el tratamiento
Duelen las manos, recuerda, es el tratamiento
Una cama vacía, un trueno ilumina el cielo, los pájaros
Vuelan bajo y sonrío
Iluminados y bendecidos, escasos cien metros que separan
Allí y aquí
Dos orillas subterráneas

lunes, 14 de noviembre de 2011

La Tia Anita



La tia anita fue feliz toda su vida. Soltera, al cuidado de su madre en la casa del pueblo, religiosa devota. Me dijo que no podía renunciar a la felicidad que le ofrecía cada día, me dijo que cada día de su vida había sido feliz.

Abderraman III, que miraba el mundo desde el cielo, escribió en su última carta que había contado los días de felicidad en su vida, y fueron catorce.

Recuerdo a tantas mujeres como la tia anita que no fueron felices ni un solo día de sus vidas.