jueves, 16 de agosto de 2012

El Sueño del Pastelero

Hay una sirena, está desnuda

Hay dos árboles formando un arco de entrada

Hay un rumor que se extiende como el cáncer
imparable

Hay un deseo incontrolable por hacerlo mal todo
alimentado por el Fuego

Hay rosas, cuchillos de plata, un vino exquisito
melodías y arpas que un día fueron diamantes

Y había un Sueño: todos los habitantes de la ciudad eran evacuados en un avión, y el avión
tuvo que salir antes de lo previsto, era Ahora o Nunca, y en la primera curva, un temblor y nos caíamos, pero antes de poder sentir el impacto el motor dejó de sonar y un silencio nos llenó de terror, abríamos las bocas y no salían las palabras, hasta que vino una azafata a ofrecernos café, lo quiere solo o con leche, y entonces yo, dueño del sueño, la invité a sentarse conmigo, pasamos una rato hablando de lo inútil que era tratar de arreglar el pasado, ella con sus viajes transoceánicos y yo con mis pasteles, el dulzor de la vida, dijimos, eso es lo que hay que perseguir y olvidar todo ese pasado que nos hizo mal, cuando por fin me atreví a besarla y ella cerró los ojos y se entregó al beso y más allá, entonces en el preciso momento en que se sentó encima mía y pudo sentirme dentro me di cuenta, lo vi claro, estamos todos muertos