Ella llegó después de que se cerrara la puerta del bar y pusieran aquél disco que siempre nos conmovía pero nunca nos hacía bailar. Sin embargo, aquella noche si que bailamos.
Era una noche más y fue la última noche en veinte años.
Bailamos, bailamos, bailamos y seguimos bailando, sudando el alcohol y perdiendo la noción del tiempo, seguramente. Felices en la miseria de la noche, criaturas dispuestas allí por alguna razón, tocándose la boca con las manos, evitando el beso, bailando en la miseria de la noche, escapando de un pasado que empezábamos a olvidar. Criaturas del viento que la marea empuja hacia el centro de la pista desde el centro del corazón, que latía con fuerza y suplicaba,
hambriento de gloria y flores,
¡feliz en la miseria de la noche!
por llegar, esta vez si, al final.
Ahora estas cosas no importan.
Era una noche más y fue la última noche en veinte años.
Bailamos, bailamos, bailamos y seguimos bailando, sudando el alcohol y perdiendo la noción del tiempo, seguramente. Felices en la miseria de la noche, criaturas dispuestas allí por alguna razón, tocándose la boca con las manos, evitando el beso, bailando en la miseria de la noche, escapando de un pasado que empezábamos a olvidar. Criaturas del viento que la marea empuja hacia el centro de la pista desde el centro del corazón, que latía con fuerza y suplicaba,
hambriento de gloria y flores,
¡feliz en la miseria de la noche!
por llegar, esta vez si, al final.
Ahora estas cosas no importan.