Restando importancia al delito de aquellos que nos obligan a caminar recto, aun recordamos (uno por uno) a los que cayeron, amamos a los que cayeron por él y les llamamos por su nombre y los ecos contestan pero no podemos entender una sola palabra, es el viento el que impone la emoción y un desconcierto infinito
y, temblando, nos dejamos caer
y, temblando, nos dejamos caer
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